Los Elementales: Introducción


El atardecer no podía ser más perfecto que el que estaban contemplando aquellas dos muchachas al pie del acantilado. Las dos habían viajado a la fotosfera, una dimensión paralela a la dimensión terrestre. El sol que se visualizaba era de un color anaranjado rojizo. Era bastante tranquilizador. Ellas intentaban ocultar la intranquilidad que mostraban sus rostros, pero, al ver el sol que cada vez se volvía más rojizo y se ocultaba por el horizonte, se tranquilizaron un poco. Dafne, una chica alta, de catorce años de edad con el pelo castaño claro y unos ojos marrones, estaba sentada al lado de Lucía, una chica no muy alta, de quince años, con el pelo moreno oscuro y unos ojos marrones de mirada penetrante. Estaban las dos allí, esperando algo o a alguien, cuando en la lejanía divisaron un gran dragón que venía acompañado de un fénix a su derecha y de un bonito pegaso que no paraba de aletear a su izquierda. Aquellas bestias parecían estar bastantes cansadas, ya que no seguían una ruta de vuelo fija, sino que volaban por el cielo serpenteando y esquivando las nubes que se alejaban a su paso. En aquel momento las criaturas llegaron al pie del barranco en el que se encontraban las dos muchachas y se posaron detrás de ellas, inclinando la cabeza como si quisieran hablarles. Fue entonces cuando Dafne se giró y miró hacia los ojos del pegaso y le dijo.

- Habéis tardado mucho.

- Nos ha costado mucho encontrarlos, y encima Carlos se ha entretenido y ha aparecido a la medio hora.

- Estaba mirando el pasadizo siguiente al vuestro, tampoco es tan malo.

- Sí claro, si por eso no hay problema, pero mientras que tú estabas fuera nos atacó la mostruomorfosis de…….

Comentaron el Dragón y el Fénix pero en seguida les cortó Dafne y les dijo.


- Lo habréis encontrado, por lo menos ¿no Riky?

- Sí, los tenemos. Mira.

En esos instantes las bestias se convirtieron en tres muchachos de quince, catorce y dieciséis años. El primero en terminar de convertirse otra vez en persona se llamaba Ricardo, tenía quince años, no era muy alto ni muy bajito, moreno, con los ojos marrón oscuro. Él le mostró cinco aros de colores. Uno rojo, otro azul, otro amarillo, otro verde y otro negro. Al lado de Ricardo también había otros dos chicos; a su derecha, un chico llamado Carlos de su misma edad, igual estatura, moreno, con los ojos marrones. Y a su izquierda un chico llamado Tom, bastante alto, de dieciséis años, moreno, de pelo mas bien negro, y con unos ojos marrón oscuro. Tom y Carlos estaban celebrando la conquista de haber encontrado los aros elementales.

- Bueno, creo que estamos listos para ir ya hacia los templos que están al pie de la montaña.

- Dafne, ten un poco de consideración, acabamos de llegar. Estamos exhaustos porque llevamos un montón de horas volando. Descansemos un poco - Le dijo Carlos.

Dafne le intentó explicar a Carlos que, dado el lugar donde se encontraban, era muy probable que les atacasen por sorpresa y lo mejor era moverse. En esos instantes Ricardo se tumbó en un trozo de césped que había cerca y dijo.

- Descansemos quince minutos y pongámonos en marcha.


Todos asintieron. Mientras tanto, Riky cerró los ojos y empezó a recordar los momentos en los que descubrieron que ellos eran los guardianes de los elementos. O, como todo el mundo de la fotosfera les conocía, Los Elementales.